Después de haber probado una cantidad considerable de bares auténticamente indios, donde no se distinguía el ventilador del techo por la grasa y la porquería que tenía incrustada, donde las paredes eran del mismo color que el suelo, donde no sabíamos qué estábamos comiendo, decidimos marcharnos de Delhi por la ruta más turis: Agra. Cogimos el tren, nuestro primer tren en India. Sacamos un billete en sleeper class, que viene a ser la de más categoría en segunda clase. En segunda general es imposible viajar. Bueno, imposible no, porque muchos lo hacen, pero para un europeo es casi suicida: seguro que todos tenéis en mente los trenes abarrotados, con la gente colgada de las puertas o encima del vagón, pues esto es general, una clase en la que se puede viajar sin reserva previa de billete y para nosotros prácticamente gratuita. Quien viaja en esta clase es porque no puede pagar otra, por ninguna otra razón se
viaja así.
Las tres horas que dura el viaje de Delhi a Agra fueron tres horas con el sabor de las primeras veces. En cualquier estación se acercaban los vendedores con samosa recién hechas, plátanos, té... Compramos plátanos y samosa por la ventanilla, que en S.C. solo está protegida por una reja sin cristal y nos codeamos con turistas e indios. Yo no tenía mucho hambre, pero me comí un plátano.
Extractos del libro de Octavio paz Vislumbres de la India
India es un exceso de realidad.
Divinidades de la tierra, encarnaciones sexuales del pensamiento más abstracto, dioses a un tiempo intelectuales y carnales, terribles y pacíficos.
Es un rasgo que aparece en el carácter del pueblo indio: el realismo descarnado aliado a la fantasía delirante, la astucia refinada y la credulidad inocente.
1 Comments:
He visto vuestro blog, os invito a ver el mio sobre fotos de viajes:
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